Vincent Van Gogh fue el segundo hijo. Llevando el mismo nombre que el primero, el cual había nacido exactamente un año antes, sin vida.

Vincent decidió no terminar sus estudios secundarios, y pasó años de su vida intentando encontrar una profesión bajo lo que se consideraba “exitoso” en aquel momento. Probó diferentes trabajos. Nada funcionaba.

Fue a sus 27 años, siguiendo el consejo de su hermano menor Theo, cuando decidió explorarse como artista. Decisión que fortaleció la decepción que sentía su padre frente al hecho de que su hijo mayor no tuviera una carrera digna y exitosa.

Apoyado y financiado por Theo, Vincent recorrió diferentes escuelas y países para mejorar su técnica. Sin embargo, jamás siguió los estándares de la academia.

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“In my view, I am often immensely rich, not in money, but (although just now perhaps not all the time) rich because I have found my metier, something I can devote myself to heart and soul and that gives inspiration and meaning to my life.”

Vincent Van Gogh

Hoy la colección de Vincent se exhibe en diferentes museos del mundo y está valuada en millones de dólares. Esas mismas obras que fueron ignoradas y desestimadas, al punto que no logró vender prácticamente nada en sus diez años como artista.

Actualmente, su estilo y su técnica se consideran pioneros para la época, pero la sociedad de aquel entonces no estaba preparada para ver el futuro o no lo quería ver. Su no visibilidad no tenía relación con el valor de su trabajo, sino con el espacio donde se movía.

Vincent no se rindió en su búsqueda artística. Pero no encontrar una comunidad donde compartir esa vida, esos pensamientos, esa forma de ver y hacer arte, convirtió su carrera en un trayecto difícil y solitario. Él lo tenía claro:

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“You know I’ve always thought it ridiculous for painters to live alone. You always lose when you’re isolated.”

Vincent Van Gogh desde Arles, en su carta a Theo en mayo de 1888.

Sin embargo, su intento de hacer realidad su sueño de crear una comunidad de artistas en Arles fue un fracaso que lo devastó. Y si bien su alma estaba en paz, su mente no.

Razón por la cual decidió internarse en la clínica psiquiátrica Saint-Paul-de-Mausole en Saint-Rémy, Francia, donde permaneció por un año. Durante ese tiempo, tuvo períodos de estabilidad en los que se le permitió pintar y produjo algunas de sus obras más reconocidas. Se estima que creó más de 150 obras en Saint-Paul-de-Mausole.  

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“As for me, my health is good, and as for the head it will, let’s hope, be a matter of time and patience.”

Vincent Van Gogh desde Saint-Paul-de-Mausole, Saint-Rémy, en su carta a Theo en junio de 1889.

Si bien sabía quién era Van Gogh y conocía sus obras más destacadas, no fue hasta diciembre del 2025, mientras recorría la exposición de Van Gogh inmersivo en Montevideo, cuando supe de su historia. Del dolor que le produjo elegir ser quien decidió ser.

Luego de esa visita, decidí incluir Arles y Saint-Rémy en mi itinerario por la Provenza en Francia. Quería conocer más acerca de él, me entusiasmaba estar en esos lugares donde él creó sus obras.

En Arles, podés realizar lo que se llama “la ruta de Van Gogh” donde vas recorriendo los sitios donde él ponía su caballete y creaba. Se inspiraba con la cotidianeidad del lugar, sus personajes, sus luces. Caminar por esos lugares es ver vivas sus obras.

Ni hablar de lo impactante que es visitar en Saint-Remy el antiguo monasterio Saint‑Paul de Mausol, que fue convertido en hospital psiquiátrico. Presenciar la realidad de sus obras al observar también lo que él veía desde su ventana, caminar por el patio interno del lugar, ver los cientos de olivos que pintó y aun permanecen en las afueras. Más de un siglo después.

A mi entender, Vincent no esperaba la aprobación externa, él tenía claro el valor de sus obras, lo dijo en una de sus tantas cartas a su hermano menor:

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“I can do nothing about it if my paintings don’t sell. The day will come, though, when people will see that they’re worth more than the cost of the paint and my subsistence, very meagre in fact, that we put into them.”

Vincent Van Gogh desde Arles, en su carta a Theo en octubre de 1888.

A Vincent lo que lo torturó fue su soledad. Su aislamiento por sentirse diferente. Se refugió todo lo que pudo en su arte, sumergiéndose en la creación para apagar su mente. Pero el genio no salva al ser humano.

Qué importante las comunidades donde nos sentimos parte y podemos expresarnos genuinamente. Compartir emociones, discutir abordajes. Encontrar un espacio para nutrirse y sostenerse en esa idea loca de hacer lo que amamos.

Distinguir dónde y con quién compartir tu obra, es tan o más importante como reconocer su valor. Porque no a todas las personas les parecerá interesante, y como me dijo una gran maestra: “eso también está bien”. Justamente porque todas las personas somos diferentes, todas tenemos distintos objetivos, pensamientos, dolores.

Tu comunidad es aquella que observa con tu misma visión. Que conoce tu dolor, porque le resulta propio. Tu comunidad es aquella donde compartir(se) resulta seguro.

La visibilidad, cuando algo es genuinamente bueno, tarde o temprano llega.

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“...and what is done in love is well done.”

Vincent Van Gogh

En cambio, la comunidad no llega, se construye.

No quiero decir que la salud mental de Vincent solo dependía de encontrar una comunidad. Su hermano siempre estuvo a su lado, apoyándolo de todas las formas que pudo, pero hubo muchos otros factores que interfirieron en ella.

La historia de Vincent Van Gogh es particular y en un contexto social determinado.

Si en algún momento sentís que necesitás ayuda, hay líneas gratuitas y confidenciales disponibles las 24 horas en Uruguay:

Línea Vida de prevención del suicidio, 0800 0767 o *0767

Apoyo Emocional, 0800 1920 o *1920.

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